viernes, 6 de febrero de 2015

PROBLEMAS




Problemas, problemas, y más problemas. Todo el mundo tiene problemas. Vas por la calle y casi todo con el que te cruzas va mirando al suelo (o al móvil), pensando en sus problemas, "masticando" sus problemas. Y reafirmo: sus. Vivimos en un mundo en el que mucha gente sólo piensa por sí mismo, y el "yo" ocupa más palabras, más acciones, más mensajes y más llamadas de teléfono que el "nosotros". "Yo estoy fatal", "yo he tenido un mal día", "yo tengo mucho trabajo que hacer" o "yo voy a hacer tal, tú haz lo que quieras" son algunas de las frases que más podemos escuchar y comprobar la actitud que llevan en consonancia. Pero aparte de este egocentrismo o falta de empatía, cuyo sentido en relación con los problemas veremos después, la pregunta es: ¿de verdad son problemas?, ¿de verdad tú estás peor que nadie como piensas? Para mí la clave reside en la actitud de cada uno. Tú decides en ti.

Ante una misma situación, dos personas pueden reaccionar de forma totalmente distinta. Te pongo un ejemplo. Dos individuos chocan con sus coches contra una farola, en distintos puntos de la ciudad, por un descuido al volante. Surge un problema (para ambos), pero por suerte, resultan ilesos. El conductor de uno de los vehículos se baja tras el golpe, se echa las manos a la cabeza y pierde los papeles, hablando mal a cuantos se le acercan preguntando por su estado, y dando patadas a todo cuanto se le cruza al mismo tiempo que llora de rabia viendo la parte delantera de su coche, destrozada. Mientras tanto, en la otra punta de la ciudad, el otro accidentado abandona el vehículo y suspira, consciente de la suerte que ha tenido y se intenta tranquilizar, asegurando a los testigos que se encuentra bien y que se hará cargo de todos los desperfectos. "Cosas que pasan", les asegura. Para el primero, este suceso supone casi una tragedia, mientras que para el segundo, es simplemente algo que puede pasar, y da gracias por la suerte que ha corrido. Cuando las cosas malas suceden, preocuparse y lamentarse más es añadir más preocupación aún a la que el hecho en sí conlleva. Las malas noticias, incluso el dolor físico o emocional, son inevitables. El sufrimiento es opcional. Los problemas son más problemas en la medida en que tu les otorgas ese nivel de gravedad.

No estoy diciendo que las cosas no nos afecten en absoluto, no hablo de esa "frialdad" total. Quizá la clave está en separar "el grano de la paja". Lo primordial de lo importante, y lo importante de lo menos importante. Quizá también reside, y con esto vuelvo al primer párrafo, en escuchar a los demás, no sólo a uno mismo, en sacar fuera el problema y exponerlo a otra visión distinta a la nuestra, y a otra persona que quizá pueda tener problemas de más trascendencia vital que los nuestros. Aprender de cómo conviven con ellos. De cómo buscan soluciones. Cuando las cosas se sacan fuera, se objetivan, se exponen a otro punto de vista que puede abrirnos la mente. 

Querido amigo, vida no hay más que una. Perderla en "rumiar" en nuestra mente cada cosa que nos pasa, y llenarla de pensamientos negativos, sólo puede traernos perjuicios, e incluso la enfermedad. Cada vez que te despiertas, te vistes, desayunas y sales por la puerta de tu casa, surgen a lo largo del día mil situaciones que pueden suponerte un problema, en función que como te tomes las cosas. Imagina cómo puedes llegar a casa si permites que todo te afecte de forma exponencial. 
Por ello, lo importante es organizar tu mente, tu corazón y tu vida, tomar las riendas de ella y no dejar que nada ni nadie te atormente. Concentrarte en el ahora, priorizar, relativizar y siempre buscar soluciones. Las soluciones no son tratar de pensar en otra cosa, tratar de "distraerte" con algo, o aislarnos del mundo mediante una pantalla de ordenador, o ese cacharrito adictivo llamado smartphone cuyo uso, más que una necesidad real, es totalmente generada. Y que además, y ya aprovecho para decirlo, nos ha traído más problemas; la mayoría de ellos por mal interpretaciones o historias absurdas. No se trata de distraerse, no se trata de evadirse. Se trata de tomar conciencia de las cosas, de escuchar y ser escuchado, y de por qué no, como señala el fantástico vídeo que va a clausurar esta entrada, dejar la mente en blanco y vivir, o estar un momento a solas con nosotros mismos, sin pensar en nada, y hacerlo despiertos.
Intenta centrarte en lo importante, poner de tu parte en lo que tengas que poner, estar bien contigo mismo y con los demás, valorar lo que tienes y tratar de ser feliz. 
"Esto son cuatro días", y dos quizá ya los hemos malgastado a base de preocupaciones, en su mayoría banales, subsanables o en su caso, que no dependen de ti (con lo que de nada sirve lamentarte más). 
¿De verdad quieres seguir haciéndolo?

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