Chateando anoche vía Whatsapp con una amiga, me dijo una frase que muchas personas repiten en sus cabezas aunque quizá no lo quieran reconocer públicamente: "no sé que hacer con mi vida". Tan extendida está esta especie de sentencia, que en Facebook encuentras al menos dos comunidades y una página (que acentúa el dramatismo) con varios centenares de seguidores. Con el nuevo año, que más que un cambio de número parece de era, con sus millones de propósitos, deseos y esperanzas, el "no sé qué hacer con mi vida" vuelve a ponerse de relieve, y casi siempre a consecuencia de la situación laboral.
Desde pequeños nos han enseñado (y siguen haciéndolo) que la vida consiste en estudiar, conseguir un trabajo cuanto antes y ganar el máximo de dinero posible para casarte, tener hijos, adquirir una hipoteca a 40 años para tu vivienda ideal, un coche familiar y permitirte el mayor número de lujos que te permita ese salario; esas 40 horas como un clavo en la oficina, produzcas lo que produzcas. Y se ha entendido que esa filosofía de vida conducía o conduce a la felicidad, a una vida plena. Nos han enseñado que esa es la vía, pero no nos han preparado para saber qué tenemos que hacer en caso de que las cosas no salgan de cara y no haya hueco en ese mercado laboral para ti, no en unos meses, sino en años, como por desgracia está ocurriendo en muchos casos. Ni tan siquiera nos han enseñado que existen alternativas a esa vida familiar estructurada si no encuentras a tu "media naranja". No sabemos perder. Y esa falta de aprendizaje y de realismo es lo que ahora llena las consultas de psicólogos, psiquiatras e incluso "coaches", y vacía de antidepresivos las estanterías de las farmacias.
La crisis ha moldeado un poco esta opinión extendida entre la gente, pero no en su totalidad. Aquello de que esta es una crisis económica pero además de valores, no es una frase hecha, es real. El problema radica en que la felicidad no es una meta, no depende de algo externo; ni trabajos, ni coches, ni novios, sino que la felicidad es una actitud y se encuentra en uno mismo. Si eso se entiende, el "no sé que hacer con mi vida" pasa de ser un problema, a convertirse en una oportunidad. Y por extensión, lo que nos depare este nuevo año que acaba de comenzar, no depende de la suerte, sino de la actitud, como leí en un genial tweet de la psicóloga Patricia Ramírez.
Ni quiero ni pretendo hacer aquí lo mismo que los miles de millones de tweets, imágenes con frases motivadoras o sobre la vida ni toda esa cantidad de "psicología online" que nos rodea con el auge de las redes sociales. Si puedo ayudar a alguien, genial, pero a lo que voy es que las circunstancias nos están haciendo replantearnos nuestro esquema de valores prefijado, y si no queremos estancarnos o pensar que es imposible salir del túnel, hemos de aceptar el terreno de juego que tenemos delante y adaptar nuestro juego al mismo (haciendo un símil futbolístico). Y siempre jugar con más moral que el Alcoyano.
En primer lugar, sería bueno que te infundas optimismo, te rodees de optimismo, y te alejes de todos los "malos rollos". La indiferencia muchas veces protege, y hay que "tragar más" y "masticar menos". "La cosa está fatal" va a ser la frase que más vas a escuchar en los bares, al tiempo que te miran con cara de pena porque no tienes trabajo. Tú sonríe. Simplemente sonríe y desdramatiza la situación. Si algo he aprendido siendo entrenador de baloncesto, es que la actitud no se impone, se contagia. Y si estás ilusionado o emocionado con algo, transmitirás ilusión y emoción. Por contra, si no estás bien contigo o con tu situación, todo lo que contagies (y lo que recibirás) será negativo.
En segundo lugar, la vida es un plato variado que se compone de muchos ingredientes: trabajo, amor, salud, familia, amigos, hobbies... No te escondas debajo de la mesa si por uno o dos no te sale el plato perfecto en este momento. Los fracasos, las decepciones, los golpes pueden llegar. Es más, van a llegar. Las personas, los trabajos... vienen y van. Nadie tiene nada firmado. Pero de todas esas experiencias, siempre quedas tú. Y todos esos golpes han de hacerte aún más fuerte.
Y por último, adaptarse al terreno de juego, como he dicho anteriormente; a las circunstancias. Ponerse metas a corto plazo, asequibles, ser constante, esforzarse para conseguirlas, estar siempre activo y ser comprometido e implicado en lo que hagas, sin depender y tener claro que tu oportunidad, sea lo que sea lo que estás buscando, llegará. A mí, aunque la he tenido muchas veces cerca, aún no me ha llegado, pero tengo 30 años y la suficiente experiencia para saber que la vida es el contrato más "indefinido" que hay. Que es un viaje en el que el único destino seguro es el que todos sabemos, pero mientras tanto hay un largo y precioso camino para disfrutar del paisaje. Y en ese trayecto puede que encuentres esa meta, diferente a la que nos enseñaron desde pequeños, y a esas personas que pueden cambiarte la vida. Es un buen momento para viajar, aprender de otras culturas, conocer personas e idiomas diferentes. Para aprender cada segundo. Para embarcarte en proyectos altruistas o de voluntariado mientras sigues con tu búsqueda de la "estabilidad". Para dedicar más tiempo a aquello que te apasiona, que siempre has visto como un hobby, pero que por qué no, puede convertirse en tu medio de vida. Para abrir el cerebro y el corazón, y para encontrar en ello la respuesta a ese "no sé que hacer con mi vida". El mañana es hoy.
José David Millán - Licenciado en Periodismo, periodista multimedia, responsable de comunicación, Diplomado en Magisterio de Educación Física y entrenador de baloncesto
"Sólo puedes hacer algo de verdad, si lo haces con el corazón"
@josedmillan

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