Vivimos en los tiempos de los cabizbajos. No lo digo sólo porque la crisis económica haya provocado que las cosas no estén para tantas alegrías como en otros tiempos, sino también por esa manía compulsiva que tenemos de estar todo el rato mirando a la pantalla del móvil, que un día nos va a dar algún disgusto al cruzarnos con una farola. Es un "mundo notificación" en el que hemos pasado de sacar provecho de una herramienta, a someternos a ese mundo virtual, a depender de él. Una situación que se agrava cuando quedamos con alguien en persona, y seguimos más pendientes de la pantalla del smartphone que de lo que nos está diciendo quien tenemos enfrente. De disfrutar de la vida "real", al fin y al cabo. Pero no es esta una entrada sobre los teléfonos móviles.
A lo que voy, es que quizá no valoramos lo suficiente el poder que hay en una mirada. No nos damos cuenta que cuando empezamos a vivir, es cuando levantamos nuestros párpados y se produce contacto visual entre nuestro iris y el de la persona que tenemos enfrente. Que todo empieza en ese momento. Somos seres que necesitamos relacionarnos con los demás, y ese es el punto de partida. Puede ser un ejemplo difícil de creer, pero en el vídeo de esta entrada se magnifica ese asombroso poder que tiene la mirada. Un experimento en el que se les pidió a veinte desconocidos que eligieran a alguien de la sala para mirarlo fijamente a los ojos (sin decir nada) y se dejaran llevar, y que acaba con sorprendentes reacciones. Más allá de su credibilidad o no, queda claro que mirar a los ojos a alguien durante un tiempo prudencial, produce algún tipo de sentimiento. Son muchas las ocasiones en que los ojos dicen más que las palabras, en todo tipo de situaciones. Pero queda claro que es el amor en la que la magia de la mirada cobra una dimensión especial. Son bastantes los que declaran abiertamente que lo primero en lo que se fijan en alguien es en los ojos, en la mirada. Es el germen de lo que más tarde puede ser algo especial. Todos los estudios sobre el "arte de ligar" lo dicen: la sonrisa y el contacto visual son fundamentales. Sin duda, lo más bonito no son los ojos, son las miradas.
Mirar a los ojos a alguien que te guste o a quien ames, y que la otra persona te corresponda con la misma mirada, produce en nuestro cuerpo y mente sensaciones quizá sólo comparables a las de un beso, o el roce de la piel. Es entrar en el alma de la otra persona y ver la felicidad que le produce estar contigo en ese momento, como tan sólo tú se la puedes producir. Es la primera señal, el motivo de muchas otras sensaciones que recorrerán tu cuerpo al instante. Es el preludio al cosquilleo en el estómago, a la aceleración de los latidos del corazón, a la adrenalina, a las ganas contenidas del contacto físico, y finalmente a éste si se da el caso. Puede ser la antelación de las caricias, del entrelazar una mano con otra, de los besos cómplices. De tantas y tantas sensaciones indescriptibles y únicas que se producen al gustarte una persona; al estar enamorado. Es tocar el corazón, la mente y el cuerpo en definitiva. Hay pocas cosas tan mágicas en la vida como que te miren tal y como quieres que te mire la persona que te gusta o amas. ¿Cómo vas a estar pendiente de una pantalla de teléfono en un momento así? Sólo te queda mirar a los ojos, mirar en silencio y disfrutar del momento.
Y aquí llega una de las claves con las que surge otra reflexión. ¿Por qué ha de ser todo un "lo quiero y lo quiero ya"? Aunque en muchas ocasiones no es fácil, y se pasa mal cuando hay sentimientos de por medio, personalmente no creo en el "amor McDonald's", en ese en el que todo comienza muy rápido... y en muchas ocasiones acaba con la misma velocidad. Los sentimientos no son algo de usar y tirar que se puedan ir regalando por las esquinas, sino que hay que entregarlos a la persona adecuada, encontrarla lleva tiempo y después has de invertir otro tanto en conocerla a fondo. En temas de amor es muy complicado hacer más caso a la cabeza que al corazón, pero no es imposible cuando de verdad quieres a la otra persona; cuando eres correspondido y merece la pena. La paciencia es algo que debemos cultivar, no sólo en este tema, sino en la vida en general. A veces nos dice "no", pero es un "ahora no" simplemente. La vida te está diciendo que de momento no se dan las circunstancias para llegar a buen puerto, no que el barco se vaya a pique de forma inmediata. Que sigas trabajando y luchando por lo que quieres. Es entonces, desde esa perspectiva, cuando disfrutas de verdad. Cuando no te centras en el resultado, sino en el proceso; en el camino. Cuando, hablando de amor, levantar la vista y mirar a los ojos se hace simplemente maravilloso. Cuando una buena conversación se convierte en lo más atractivo que existe. Cuando al sonreir aprecias como se dibuja la sonrisa en los labios de la otra persona, con la belleza que ningún cuadro puede superar. Cuando el cosquilleo no es de ansiedad sino de placer. Cuando hay esa química que sólo puede ocurrir con esa persona y que al mirarla a los ojos sabrás quien es. Esa conexión que no es digital ni virtual, sino que es real, entonces de verdad vale la pena ir despacio... y disfrutar del paseo. Y como esa frase de la tan de moda y acertada "Acción Poética", decir abiertamente: "si no tardas mucho, te espero toda la vida".

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