domingo, 24 de julio de 2016

NADIE SE SIENTE ADULTO, PERO TODOS LO OCULTAMOS





Qué mejor plan para un domingo caluroso del mes de julio que aprovechar por una vez mi suscripción a Netflix y escoger al azar una película que trata sobre una de las cosas que más nos preocupa a todos: el paso del tiempo. Ese que nos recuerda insistentemente Facebook cada día cuando te dice que hoy Fulanito cumple no sé cuantos años, y parece que fue ayer cuando jugábais al escondite en el colegio. La cinta en cuestión es "Amor y letras", y la dirige y protagoniza Josh Radnor, conocido principalmente por interpretar a Ted Mosby en la serie "Cómo conocí a vuestra madre". Como esta entrada no consiste en hacer una crítica cinematográfica, ni soy yo quien para ello, he de decir que aunque puedan calificar a la película de cursi y pedante, al verla extraes conclusiones que pueden serte de utilidad en la vida. Siempre y cuando las apliques, claro, que es lo difícil. Se han vertido ríos de tinta en libros de autoayuda y artículos en Internet, pero nadie más que uno mismo tiene la capacidad de decidir sobre su vida con su actitud y con su voluntad.

Para situarnos, la de "Amor y letras" es una historia en la que un hombre de 35 años vuelve a su universidad por la fiesta de jubilación de uno de sus profesores. Allí se topa de bruces con la realidad. Y la realidad no es otra que el tiempo no pasa en balde, y que son muchas las cosas que diferencian al protagonista; Jesse, de los actuales estudiantes. Conocerá a una joven de 19 años (Elizabeth Olsen) que le hará descubrir nuevas experiencias de lectura, de música clásica y también de amor... mientras de forma paralela su antiguo profesor siente el vacío de una jubilación repentina.

Aquellos maravillosos años universitarios...

La edad es algo tan real y a veces duro, como relativo. Si hace 10 años me preguntan dónde me vería hoy, a las puertas de los 32, imagino que hubiera contestado que con un trabajo estable, independizado, casado, con algún hijo... Pero la crisis económica y las circunstancias personales nos hacen ver que hoy nada tiene una edad concreta, y que lo más importante es tener la madurez suficiente para aceptar que ya no eres un crío, pero que tampoco eres un anciano. Que eres tú el que decide cómo vas a vivir tu vida, y a ser responsable de ello al cien por cien. 

Es difícil no identificarnos con Jesse al volver a esa universidad donde vivió sus mejores años, en ese micro universo docente en el que te enseñan a tener tus propias ideas y donde parece que todo es maravilloso y es posible. Pero al acabar los estudios te das cuenta que nadie te ha enseñado cómo afrontar el cambio, ni qué hacer si no puedes dedicarte a lo que quieres o para lo que te has formado. Pero no sólo a nivel laboral. Ya que con el tiempo también te das cuenta de que no puedes seguir frecuentando los bares a los que ibas en tus años mozos, que han sido invadidos por adolescentes, ni hacer las mismas "locuras" que entonces. Improvisación vs "estabilidad".


Lo cierto es que Jesse vive esa dicotomía entre la nostalgia por aquellos años y la obligada madurez que le imponen sus 35 primaveras. Entre crecer o seguir estancado en un pasado que nunca volverá. Conocer a la joven Elizabeth, 16 años menor que él, en cierta forma le hace dejarse llevar y volver a su juventud, pero también darse cuenta de que su mundo ya es otro. Lo mismo que le ocurre a su antiguo profesor, que no asume que su carrera tiene un fin y que la (triste) realidad es que ha de adaptarse a vivir sin lo que ha hecho cada día durante 37 años. Por mucho que sus alumnos tengan 19 años y crea que él también los tiene, la realidad no es esa. "Nadie se siente adulto, pero todos lo ocultamos", le cuenta a Jesse el propio catedrático.


En 2014 fui monitor de intercambio en Bulgaria con jóvenes adolescentes lorquinos


En mi caso es más fácil entender al profesor, ya que aparte de Periodismo estudié Magisterio de Educación Física, y he trabajado con niños y con jóvenes como entrenador de baloncesto y como monitor desde hace años. Rodearte de ellos te hace sentirte más vivo, rodearte de juegos, de frescura, de actividades y de ideas que nada tienen que ver con las de un adulto, aunque haya casos de jóvenes mucho más maduros de lo que señala su edad, como el de Elizabeth en "Amor y letras". Unos quieren que no pase el tiempo, y otros que lo haga a mayor velocidad. A unos les encanta "Crepúsculo", y otros lo consideran "el peor libro que se ha escrito". Todo según la edad que se mire... 


Mi "yo" de 19 no esperaba que el tiempo pasara tan rápido, y no imaginaba que a día de hoy aún compartiera muchos sueños y muchas características con el de hoy, de casi 32. Juventud, divino tesoro. La realidad es que sólo tenemos una vida, y tenemos que aprovecharla (qué bonito queda así escrito). Vivirla de la forma que creamos mejor para nosotros y para los nuestros, pero siempre, siempre, siempre, debemos actuar de acuerdo con la madurez que marca nuestra edad. Ser responsables y consecuentes con la cruda realidad, pero también disfrutar de las cosas que nos proporciona cada etapa de nuestra vida. Saber conllevar el paso del tiempo (saber envejecer) puede ser la cualidad más importante de una persona, pero también es vital ser uno mismo.


Y a ti, ¿te preocupa hacerte mayor? 


José David Millán (@josedmillan)




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