sábado, 3 de enero de 2015

"No sé qué hacer con mi vida"


Chateando anoche vía Whatsapp con una amiga, me dijo una frase que muchas personas repiten en sus cabezas aunque quizá no lo quieran reconocer públicamente: "no sé que hacer con mi vida". Tan extendida está esta especie de sentencia, que en Facebook encuentras al menos dos comunidades y una página (que acentúa el dramatismo) con varios centenares de seguidores. Con el nuevo año, que más que un cambio de número parece de era, con sus millones de propósitos, deseos y esperanzas, el "no sé qué hacer con mi vida" vuelve a ponerse de relieve, y casi siempre a consecuencia de la situación laboral. 

Desde pequeños nos han enseñado (y siguen haciéndolo) que la vida consiste en estudiar, conseguir un trabajo cuanto antes y ganar el máximo de dinero posible para casarte, tener hijos, adquirir una hipoteca a 40 años para tu vivienda ideal, un coche familiar y permitirte el mayor número de lujos que te permita ese salario; esas 40 horas como un clavo en la oficina, produzcas lo que produzcas. Y se ha entendido que esa filosofía de vida conducía o conduce a la felicidad, a una vida plena. Nos han enseñado que esa es la vía, pero no nos han preparado para saber qué tenemos que hacer en caso de que las cosas no salgan de cara y no haya hueco en ese mercado laboral para ti, no en unos meses, sino en años, como por desgracia está ocurriendo en muchos casos. Ni tan siquiera nos han enseñado que existen alternativas a esa vida familiar estructurada si no encuentras a tu "media naranja". No sabemos perder. Y esa falta de aprendizaje y de realismo es lo que ahora llena las consultas de psicólogos, psiquiatras e incluso "coaches", y vacía de antidepresivos las estanterías de las farmacias.